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Dani Vega, miembro fundador de Mishima, se detiene y se explica a sí mismo en Así de frágil es, su álbum de debut.
Tras veinte años de carrera musical con su banda, Mishima, Dani Vega explora su propia trayectoria vital en un álbum de debut que le sirve para detenerse, explicarse a sí mismo y purgarse de ciertos lastres emocionales;
En el mismo idioma confesional de artistas como Radiohead, The Flaming Lips, Pale Saints, alt-J o The National, Así de frágil es bascula de un pop optimista y de etiqueta hacia territorios oscuros donde el músico se encuentra consigo mismo;
Se trata de un disco rico en matices de composición, en detalles de una elegante producción muy cuidada y con una lírica valiente que bucea allí donde el agua es más fría, profunda y oscura
Para, respira y continúa.
En la práctica de cualquier deporte siempre nos recuerdan que respirar es importante. Una respiración rítmica y ordenada nos permite seguir tirando y aguantando para avanzar de manera automática y mecánica, sin necesidad de pensar demasiado. Pero en la práctica de la vida, el deporte de riesgo más extendido y exigente, se recomienda otro tipo de respiración: una sosegada, honda y pausada que nos dé la oportunidad de detenernos un instante para recalcular de dónde venimos, a dónde vamos e incluso quiénes somos. Y ese ejercicio de pausa y geolocalización vital es justo el que ha hecho Dani Vega, miembro fundador de Mishima, con Así de frágil es, su álbum de debut en solitario. Un trabajo con el que, tras dos décadas de incansable carrera con su banda mater, ha querido detenerse y explicarse a sí mismo ante el público.
En general, podría decirse que Así de frágil es nos muestra el reverso vulnerable de la vida. Pese a ciertas concesiones a un pop optimista, Dani Vega, siempre de etiqueta, parece más interesado en hablarnos de sombras que de luces, motivo por el cual, sobre todo en su segunda mitad, el disco bascula hacia la oscuridad. Su lenguaje musical bebe del mismo idioma confesional de artistas como Radiohead, The Flaming Lips, Pale Saints, alt-J o The National: un espectro del pop-rock alternativo que pone en el centro de las canciones las emociones y los matices. Y de ambos este disco tiene para dar y tomar.
Gracias a un proceso de creación en el que ha “disfrutado, sufrido, llorado y gritado de felicidad”, Dani Vega ha logrado establecer un diálogo muy honesto y sano consigo mismo para después traducir sus reflexiones en canciones fácilmente entendibles. Se ha mostrado, como dice en la canción titular, “a tumba abierta”, y eso siempre asusta. Sobre todo porque revela sus miedos: un acto de valentía que arranca en ‘Así de frágil es’ y que tiene su recompensa en la catarsis final de ‘Se acabó la fiesta (parte II)’.
Miedos como, por ejemplo, al abandono. Expresado primero desde la luz: tanto en la canción que oficiosamente abre el disco, que galopa con la elegancia de The National sobre una línea maestra de teclado y un ritmo sincopado, como en ‘Flotando’, que serpentea despreocupadamente entre melodías de pop jovial; pero también desde la oscuridad: sobre todo en la nana grunge de raíz canaria ‘Lanzarote, 1987’ y también en el final de ‘Nada’, un corte solitario y con un punto de western-crepuscular.

Así de frágil es
- Intro 1:05
- Así de frágil es 3:09
- Flotando 3:15
- Nada 3:20
- Por todo 3:43
- Algo ha ido mal. Inténtelo de nuevo 3:47
- Untitled_42 3:30
- Lanzarote, 1987 3:15
- Se acabó la fiesta parte I 1:50
- Se acabó la fiesta parte II 2:19
Pero no todo es miedo y ausencia. Y aquí es donde Dani Vega se para y respira. ‘Por todo’, justo en medio de ese trayecto autoexplicatorio que es Así de frágil es, funciona como una especie de descanso entre tanta historia con trágico final. Casi como un faro de justificación. Dedicada a la madre de su hijo, tiene un ligero toque funk y glam que no para de hincharse por el orgullo creciente de su autor. Aquí Dani saca pecho y reconoce que alguien (su hijo) ilumina su camino, por lo que puede volver a internarse, esta vez seguro, en la oscuridad de sus miedos. Para, respira y continúa.
Así, con ‘Algo ha ido mal. Inténtelo de nuevo’, Dani Vega abre la segunda mitad del disco nadando a gusto en el mismo mar sombrío por el que navegaron Radiohead en Amnesiac. Sigue habiendo referencias al miedo: a la adicción en el caso de ‘Untitled_42’, una especie de ciénaga sonora que solo al final abre un rayo de esperanza; y a la culpa, esa otra forma de miedo. Y es justo aquí donde vemos revertir esa vulnerabilidad inicial en una catarsis simbólicamente destructiva. Tras plantear en ‘Se acabó la fiesta (parte I)’, con su toque a alt-J, culpabilidad por estar acabando con el planeta por nuestra egoísta forma de vida, ‘Se acabó la fiesta (parte II)’ arrasa con todo en un acto final apocalíptico de purificación y gloriosa instrumentación, que bien podían haber firmado conjuntamente Colin Self y Radiohead.
Y es bonito, porque ese fuego es la prueba de la liberación de una persona que ha hecho las paces consigo misma.
